Es una reflexión que supongo todos los mediadores se habrán hecho alguna vez.

¿Puede ser inútil la mediación en algún caso?¿Es inútil en algún caso?

Como saben los que me conocen soy una persona pasional, que siente y cree todo lo que dice. Es por esto y por el feedback recibido estos años, que realmente no me lo había planteado hasta hace unos pocos meses. Daba por hecho que la mediación funcionaba siempre.

La primera vez que me cuestioné esto en concreto fue en las jornadas de Folger y Fariñas de marzo de este año. Podéis saber más sobre estas jornadas pinchando aquí

En la jornada de Madrid, Fariñas hablaba de un caso de mediación en una empresa entre dos empleadas aparentemente incompatibles. Las diferencias entre ellas ya estaban afectando a la empresa. Fariñas nos comentó que la mediación había sido un éxito. La solución que adoptaron fue que una de las empleadas decidió dejar la empresa.

¿Fue inútil la mediación en este caso?

No negaré que a mí me dejó impactada que se considerara esta solución como un éxito.

Y me ha costado horas de reflexión darme cuenta de que no tenemos que considerar inútil una mediación porque no se alcance una solución que para nosotros es a priori la buena.

Para empezar, tenemos que ser conscientes de que las relaciones personales son tremendamente complejas. Tal y como hemos visto en muchas ocasiones, las personas somos el producto de miles de factores que van rellenando nuestra “mochila”. La educación, el entorno en el que vivimos, la cultura, las vivencias etc. Todo ello nos conforma como personas.

Cada uno tenemos nuestra mochila, y no siempre son compatibles unas con otras.

Hablaba hace no mucho con Adama Lankoandé, que trabaja para la ONG AMAIF (Asociación Madrileña de ayuda a la infancia). Nacido en Burkina Faso, África, de niño fue trasladado a la Cuba de Fidel Castro donde formó parte de un proyecto educativo. Allí estuvo interno durante años, llegando a formarse como ingeniero.

Volvió a Burkina Faso donde tiene ya una amplia familia y trabaja para esta Asociación centrada allí en la construcción de pozos de agua.

Pues bien. Hablábamos sobre las costumbres de su país y su vida. Yo no podía evitar mostrar mi sorpresa con cada cosa que me iba contando. No me extiendo en el contenido de la interesantísima conversación. Tan sólo decir que pensando en ella veo cómo una mediación entre Adama y alguien como yo sería sin duda un ejemplo claro de mediación complicada.

Las soluciones que se adoptarían en esta mediación y el procedimiento serían sin duda peculiares. Pero, ¿sería esta mediación inútil? ¿Lo fue la de dos empleadas que finalizó con la dimisión de una de ellas?

Ahora puedo decir que pienso que no es inútil la mediación en ningún caso.

En el caso de las empleadas no es inútil. Primero porque es una decisión que tomó ella. En segundo lugar porque no tenemos que forzar las relaciones personales. Hay que asumir que podemos ser tan distintos de una persona que no podemos trabajar con ella, y la solución de que haya que separarlas no podemos verla como un fracaso.

En otras ocasiones no se llegan a acuerdos. Pero la relación personal prácticamente siempre ha mejorado. Se ha conseguido hablar, han expuesto sentimientos y emociones y se han escuchado. Por lo que en este caso la mediación tampoco es inútil.

El éxito de la mediación, simplificando mucho, creo que debemos medirlo en si las personas que la realizan deciden lo que quieren hacer.

Isabel Zarraluqui López (04/07/2017). “¿Es inútil la mediación en alguna ocasión?”. Asociación ¿Hacemos las paces?

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